Sabio es quien sabe que no sabe

Nuestro título parece un trabalenguas, pero de hecho, esa es la idea central de una de las filosofías más polémicas e influyentes de la Antigua Grecia, la de Sócrates. Dicha teoría, que destaca la importancia de reconocer lo que se ignora o lo que falta por aprender, también se ha resumido en la famosa sentencia “Yo sólo sé que no sé nada”.

socrates

Sin embargo, no podemos remitir a un texto del que se haya extraído esta frase como tal; en primer lugar, porque no se ha conservado una obra que pueda atribuirse a Sócrates –se dice que todas sus ideas las transmitía en las conversaciones que sostenía con sus discípulos-, y en segundo lugar, porque la filosofía socrática, transmitida por Platón, no se limita a reconocer la propia ignorancia, sino a convertir esa carencia en el punto de partida para buscar el saber.

Lo anterior se comprenderá mejor con ayuda de un ejemplo. Supongamos que yo confío en tener amplio dominio del idioma inglés, porque lo aprendí desde que iba en la primaria y además soy fanático de la música, las series y las películas de países angloparlantes. Seguro como estoy de mis conocimientos, no me preocupo cuando en mi empresa se anuncia que todos los empleados debemos presentar un test de inglés, para evaluar nuestros conocimientos y determinar si necesitamos tomar algún curso de actualización.

Yo, de antemano, pienso que obtendré bueno resultados y que, por tanto, no necesitaré de más estudios. Pero cuál no será mi sorpresa, al descubrir que si bien me defiendo en áreas como lectura, redacción y comprensión auditiva, mi pronunciación deja mucho que desear, debido a la falta de práctica.

Un descubrimiento semejante podría ser una humillación para cualquiera que se crea un experto. Pero de acuerdo con Sócrates, mantenerse al tanto de lo que se desconoce o de lo que no se tiene muy claro es fundamental para desear y buscar el conocimiento. Retomando el ejemplo mencionado, yo no me habría dado cuenta de lo mucho que necesito unirme a un grupo de conversación para practicar el inglés, de no haber sido por el dichoso test.

Este último punto también es importante, porque la clave para descubrir todo lo que no se sabe es el continuo auto-examen. Es decir que no deberíamos esperar a que la empresa, los colegas o los mentores nos pongan a prueba, sino que nosotros mismos deberíamos examinar las habilidades y conocimientos de los que nos sentimos tan seguros, para confirmar si realmente los dominamos.

En un entorno tan cambiante como el que nos toca vivir actualmente, la propuesta socrática tiene mucho sentido. Actualmente no basta con estudiar en la universidad, graduarse y adquirir experiencia laboral en un ámbito específico, porque cada vez resulta más común que las profesiones requieran habilidades de distinta índole, como pueden ser los conocimientos de idiomas o el manejo de programas de cómputo. Esto hace que prácticas como la auto-evaluación y el reconocimiento de lo que puede hacernos falta (las denominadas “áreas de oportunidad”) sean imprescindibles para seguir vigentes.

En efecto, es de sabios admitir que no se sabe todo, pero más sabio aún es actuar para superar esas carencias.

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